CÓMO UN ROBO EN EL MUSEO DEL LOUVRE CONVIRTIÓ A PICASSO EN UN GENIO DEL CUBISMO.
El origen del cubismo está ligado a uno de los robos más insólitos de la historia del arte.
En 1907, el estafador belga Honoré Joseph Géry Pieret sustrajo dos bustos íberos del Museo del Louvre ocultándolos bajo su abrigo.
Pieret era secretario y amigo del poeta Guillaume Apollinaire, íntimo de Pablo Picasso.
Las esculturas acabaron en manos del pintor, que las compró por apenas cincuenta francos y las escondió en un armario junto a sus calcetines.
Picasso llevaba años fascinado por el arte íbero, y esas cabezas fueron clave en la gestación de Las señoritas de Avignon y su paso decisivo hacia el cubismo. El escándalo salió a la luz en 1911 tras el robo de La Gioconda.
Apollinaire fue detenido y Picasso interrogado, aunque ambos quedaron libres. Décadas después, expertos confirmaron que Picasso sabía que las piezas eran robadas. Aquellas esculturas regresaron a España en el 2021 para una exposición de 215 obras en torno a la figura de Picasso.
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